Quiero un vestido.
Ahora ya no lo quiero.
¡Ay! las cosas. Hace mucho que no me obsesiono con un objeto; la última vez que lo hice fue por unas zapatillas por las que trabajé para poder comprar y a los dos meses habian explotado. De eso hay testigos por montón.
Cuando se trata de las cosas materiales mentiría al decir que donde pongo el ojo pongo la bala. O el efectivo.
Nunca sé que pedir para navidad.
Ni me deprimo con los catálogos de zapatillas.
Ni recorro cuatro comunas buscando eso que ví y que con esmero tanto espero.
Me averguenza recibir regalos que alguna vez mencioné.
No recibir las cosas que pedía cuando chica dentro de un plazo me hacía infeliz; pero aguantaba y se me olvidaba.
Así hasta hoy y me parece bien, pero si por sorpresa aparecen no es un crimen tampoco.
One Comment
Yo tampoco sé que pedir jamás en verdad nunca pido nada, aunque en un dream world. pediría el vestido de topshop, o weas asi gringas ke jamás encontraré acá ajaja.